martes, 5 de agosto de 2008

Los ayuntamientos pasan de la Ley del Ruido

Sólo cuatro de los 14 que estaban obligados a elaborar sus mapas los han remitido al Ministerio y el plazo acabó hace un año. Madrid, que lo presentó publicamente en septiembre, aún no lo ha entregado a Medio Ambiente. El viernes se cumplió el plazo que Europa dio a los municipios para que entregaran sus soluciones y ninguno lo ha hecho
Josefa Paredes

Las ciudades españolas ignoran las leyes sobre el ruido. Todas las que superen los 250.000 habitantes están obligadas a identificar los lugares con ruido más intenso o inconveniente, como las aglomeraciones de tráfico y los hospitales, y a establecer planes para combatir la contaminación acústica.

Los mapas de ruido de las grandes urbes debían estar listos hace un año según la directiva europea y la Ley del Ruido española. Y los ayuntamientos estaban obligados a presentar los planes con las soluciones para mitigarlos en el Ministerio de Medio Ambiente como muy tarde el 18 de julio de 2008. Es decir, el viernes pasado.

Pero, a día de hoy, sólo cuatro de las ciudades obligadas a presentar el mapa lo han hecho. Sobre la mesa del ministerio están los de Alicante, Las Palmas de Gran Canaria, Málaga y Valencia.Del resto (Palma de Mallorca, Córdoba, Murcia, Sevilla, Valladolid, Zaragoza, Vigo, Gijón, Madrid y Barcelona) no se sabe nada.

Y de las soluciones mucho menos, aunque legalmente el viernes pasado los planes para combatir el ruido tendrían que haber estado en el Ministerio de Medio Ambiente. Ninguno de los ayuntamientos, ni siquiera los cuatro que sí han elaborado el mapa, las han entregado. La página web del Sistema Básico de Información sobre la Contaminación Acústica, S.I.C.A, que depende del ministerio, lo atestigua. El apartado llamado planes de acción ni siquiera tiene un enlace que lleve a ningún sitio.

"Los mapas del ruido están un poco retrasados" admiten fuentes de Medio Ambiente. "Estamos esperando que nos los presenten", dicen sin "poder precisar" si sel ministerio se los requerirá a los Ayuntamientos o no. Pero, en cualquier caso, "hasta que no estén todos no se elaborará el informe para presentarlo a la Comisión", admiten.

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El entorno de Plaza de Cuba seguirá sin poder abrir más bares por el ruido

Los índices de ruido en el entorno de la Plaza de Cuba no disminuyen, razón por la que el Gobierno renovó ayer la orden que prohíbe abrir más bares entre la plaza y las calles Juan Sebastían Elcano, Virgen de Loreto y Montecarmelo. La medida no afectará a los restaurantes, pero sí a los comercios al por menor que venden bebidas durante toda la noche.

El entorno de la Plaza de Cuba, en Los Remedios, sigue siendo un foco habitual de botellonas y el número de bares que hay agudiza la situación que perjudica el descanso de los vecinos. Por esa razón, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento aprobó ayer iniciar los trámites para renovar por otros tres años más la declaración de Zona Acústicamente Saturada el área comprendida entre la Plaza de Cuba y las calles Juan Sebastián Elcano, Virgen de Loreto y Montecarmelo.

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La música de los CD actuales parece que suene mejor, pero simplemente suena más alta. Debido a las manipulación digital, detalles como la nitidez y la viveza, lo que algunos llaman feeling, se pierde. Hoy os propongo la lectura de dos enlaces muy interesantes y que explican este fenómeno.

El primero nos explica el motivo por el que los CD actuales tienden a escucharse más alto de volumen y peor calidad respecto a los de hace unos años

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Y el segundo explica como se transforma una grabación normal a mp3

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Jose Mª Marín.

Levitación acústica

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¿El graznido de un pato no produce eco?

El eco es un fenómeno provocado por la reflexión del sonido. La señal acústica original se extingue y escuchamos la onda, reflejada por algún obstáculo, como una nueva señal sonora. Se percibe muy claramente en los valles de las montaña, donde tenemos obstáculos a mucha distancia. Emitimos un sonido y nos llega su rebote en un cierto tiempo. Esta distancia mínima para que se produzca el eco es de 17 m.


El experimento de la Universidad de Salford consistía en grabar a un pato en una cámara de reverberación (como una iglesia, una sala muy reverberante). En esas condiciones el sonido emitido del pato tenía que hacer una larga reverberación y lo hizo. Demostraron que el graznido del pato hacia eco.


También experimentaron con el sonido del pato grabándolo en una cámara anecoica (con paredes recubiertas de espuma para evitar el eco) para tener una muestra de sonido sin eco ni reflexiones y luego lo grabaron en campo abierto con una pared cerca, para escuchar un único eco.

La segunda grabación producida en un recinto reverberante no se llega a producir eco porqué el sonido es rebotado en todo su perímetro y nunca hay un espacio de tiempo para que el oído llegue a interpretar como si hubiera dos sonidos. Obtenemos múltiples sonidos que se suman al sonido original y lo alargan varios segundos. El oído humano necesita 50 milisegundos para diferenciar un sonido como doble.


Esta segunda grabación tendría que escucharse como en la primera, pero no es así. Escuchamos que el graznido de un pato tiene reverberación y por tanto tendría eco en un espacio que tuviera paredes o obstáculos a distancias mayores de 17 m. En cambio en la tercera grabación es más difícil percibirlo. Es como habitualmente lo percibimos. Escuchamos como el sonido no empieza fuerte sino que gradualmente sube la potencia y luego baja. Es homogéneo y no muy agradable de oír. Para que el eco se escuche bien lo mejor son los sonidos fuertes y cortos, y no el graznido del pato que no es un sonido potente ni seco. Trevor Cox descubrió que las frecuencias que componen el enigmático "cuack" no son mágicas sino que simplemente resultan difícilmente percibibles por el oído humano.

martes, 8 de julio de 2008

¿Por qué se oye el mar en las caracolas?

En realidad no se oye el mar, escuchamos un rugido constante y que no se parece al ruido con ritmo calmoso que tiene el mar. Pero cuando alguien nos lo dice automáticamente nos imaginamos el mar y nos parece escucharlo allí dentro. El cerebro crea una sensación nacida de una ilusión acústica.


Para qué surga el efecto no hace falta una caracola, vale un vaso de cristal, pero no vale un zapato. Lo que necesitamos es un objeto de tamaño mediano, semicerrado y rígido.


El sonido se propaga por medio de ondas y cuando estas chocan con los objetos, la onda se divide en tres: una onda traspasa el objeto, una onda hace vibrar el objeto al quedar atrapada en él y por último una onda sale rebotada y continua en el exterior del objeto. Para explicar el ruido nos interesan las dos primeras porque harán que un objeto semicerrado, tocando nuestra oreja, se comporte como una amplificador. Las ondas que quedan atrapadas en el objeto y las que penetran dentro del espacio interior del objeto, producían el sonido característico que escuchamos y que nos parece el mar. Es un ruido constante y parecido al ruido blanco, o dicho de otra manera, al ruido que tenemos cuando la televisión no está sintonizada en ningún canal.


El término "ruido blanco" es una manera técnica de hablar. Al igual que existe la luz blanca como mezcla de todos los colores, también existe el llamado ruido blanco
como mezcla de todos los sonidos. Dentro de nuestra caracola aparecerá este rugido blanco, esta amplificación de las muchas ondas ambientales que llegan a nuestro objeto y lo atraviesan.


Si ajustamos un poco más la explicación diremos que la pequeña amplificación, que se produce en nuestra caracola, es producto de la resonancia. Hay ciertas frecuencias sonoras que se amplifican más que otras debido a que la caracola tiene unas dimensiones y porque su material vibra a ciertas frecuencias. Al vibrar el material no opone resistencia a dicha frecuencia, mientras que a otras frecuencias si opone resistencia y no las deja atravesarlo tan fácilmente.


Todos hemos experimentado la vibración de una ventana cuando pasa un coche o una moto que produce ruido y hay una frecuencia concreta que el vidrio se pone a vibrar. Todos los materiales tienen una frecuencia por la que se ponen a vibrar y no pueden hacer nada al respecto. Se llama la frecuencia de coincidencia y depende de un pequeño abanico de frecuencias y del ángulo de incidencia de la onda en el material.

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Por eso experimentamos que al acercarnos y alejarnos la caracola, las frecuencias sonoras varían pues también lo hacen los ángulos de incidencia de las ondas. También nos cambiaran si nos acercamos otra caracola a la oreja.

A puro pedal por Cuba

Cuba - al borde del cambio